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Riesgos de la exposición al sol


La radiación solar puede producir cambios a largo plazo en la estructura de la piel, entendamos cada uno de estos daños:

Quemaduras solares: se caracterizan por el enrojecimiento de la piel que ocurre después de exponerse al sol. Los primeros signos de una quemadura solar pueden aparecer desde minutos luego de la exposición o tardar hasta 24 horas e incluso más tiempo. Los posibles síntomas abarcan:

Piel roja y sensible que es caliente al tacto. Peladura de la piel en áreas quemadas por el sol varios días después de la quemadura solar. Ampollas que aparecen de horas a días después. Reacciones graves (algunas veces llamadas alergia solar, incluso fiebre, escalofríos, náuseas o erupción cutánea). Aunque los síntomas de la quemadura solar normalmente son temporales, el daño cutáneo con frecuencia es permanente y puede tener efectos serios a largo plazo, que incluyen cáncer de piel o envejecimiento prematuro.

Daños al ADN: una vez que el ADN de las células se daña por efecto de exposición excesiva al sol, las células de la piel pierden su capacidad para funcionar adecuadamente y se replican anormalmente dañando a otras células a largo plazo. Este daño irreversible puede acelerar el envejecimiento de la piel e incrementar el riesgo de padecer cáncer de piel, melanoma, púrpura actínica y otros.

Los daños más importantes o comunes son:

Fotoenvejecimiento: es un proceso caracterizado por la aparición prematura de lesiones en la piel como arrugas finas y profundas, sequedad, flacidez y aspereza de la piel, microvárices, cambios pigmentarios y manchas en las zonas que más se exponen al sol (cara, cuello, escote y antebrazos).

Esta afección comienza desde temprana edad cuando no se toman precauciones ante la exposición solar, aunque envejecer es inevitable, se puede retrasar este proceso si se toman medidas preventivas sencillas como el uso diario del protector solar.

Cáncer de piel: es una enfermedad maligna producida por la división y crecimiento descontrolado de las células que la forman, con capacidad para invadir los tejidos y estructuras sanas de alrededor y en algunos casos, a otros órganos a distancia.

Existen varios tipos de cáncer de piel, entre los que destacan los melanomas y los carcinomas cutáneos, cuyo principal factor de riesgo implicado en su aparición son las radiaciones solares. Estas radiaciones son capaces de producir mutaciones al ADN de las células e impedir su reparación, iniciándose así el proceso de la carcinogénesis o formación de un cáncer de piel.

Melanoma: Aunque es el tipo de cáncer cutáneo menos frecuente (aproximadamente el 5% de los tumores de piel), en los últimos años está aumentando de forma considerable, por lo que es importante conocerlo e identificar sus características a tiempo. Cuando una persona tiene melanoma, los melanocitos o células productoras de melanina (pigmento que da color a la piel) son afectados por las radiaciones solares que alteran su ADN haciendo que estos comiencen a dividirse y crecer descontroladamente, invadiendo los tejidos sanos de alrededor e incluso otros órganos a distancia.

La exposición puntual, excesiva e intermitente al sol se relaciona con su aparición, lo que explica que los melanomas se localicen preferentemente en zonas no expuestas al sol de forma habitual, como es el caso de la espalda o las piernas. Siendo su aparición es más frecuente en personas de piel y ojos claros con dificultad para broncearse.

Las características que presentan los melanomas: asimetría, bordes irregulares, color variado (una misma lesión presenta diversos colores), diámetro mayor de 6 mm y evolución (cambio de aspecto).

Carcinoma cutáneo: es un tumor maligno ó manchas malignas que se forman especialmente por células epiteliales o pigmentarias, producido por el crecimiento anormal de las células de la piel. Se da generalmente en áreas que han sido expuestas de forma continua a los rayos del sol, sin embargo, existen casos donde se puede desarrollar en áreas con poca o ninguna exposición al sol.

Púrpura actínica: es una enfermedad caracterizada por una erupción pruriginosa (es decir, que produce picazón) desencadenada por la exposición solar (o por la exposición a fuentes artificiales de radiación ultravioleta como por ejemplo: cámaras de bronceo).

Las lesiones aparecen en los sitios más expuestos a la radiación solar como (cara, cuello, antebrazos y dorso de las manos), pero en ocasiones, también pueden aparecer lesiones en sitios cubiertos como por ejemplo los glúteos. Las lesiones habitualmente son elevadas, producen picazón, tienen costras y pueden sanar dejando sutiles